Evolución de un ficus ginseng

En la entrada de hoy quiero mostraros cómo convertí un ficus “ginseng” en un bonsái con cierto potencial. Lo interesante de este artículo es la técnica que se puede llevar a cabo, y que además está al alcance de cualquier aficionado.

Seguramente los que estéis leyendo esta entrada habréis visto alguna vez en centros comerciales y en grandes superficies el mal denominado ficus “ginseng”. Y digo mal denominado porque en realidad no es ninguna especie botánica. Se trata de una planta de ficus, generalmente de la especie microcarpa, el cual forma estos abultamientos de aspecto bulboso como consecuencia del estrangulamiento de las raíces. A menudo, en la parte superior de las grotescos tubérculos se injertan otros tipos de ficus de un tamaño de hoja más pequeño.

Aclarada esta confusión, vamos a observar la evolución del protagonista de esta historia.

El ficus en cuestión era un ficus “ginseng” comercial sin ningún tipo de gracia, de los típicos que venden en Ikea o en cualquier centro comercial.

En mi opinión las raíces tan desproporcionadas afeaban el conjunto. Además, desde un punto de vista de la estética del bonsái, la salida del tronco no es correcta, ya que las raíces se deben repartir uniformemente por todo el perímetro de la base del árbol.

De tal forma, que decidí que lo ideal era hacer un acodo aéreo justo en la zona donde se encontraban las patas o raíces deformadas. Llevando a cabo esto, conseguiría una base muy ancha y sin esas odiosas protuberancias.

No conservo ninguna foto del momento en el que hice esta técnica, aunque si que puedo mostrar la que tomé justo en el momento del corte el acodo.

Como se puede observar, el arbolito ha formado una cantidad de raíces bastante aceptable por toda la base del tronco, por lo que es el momento perfecto para separar la parte alta del árbol y plantarlo en una nueva maceta.

Así quedaron las raíces bulbosas del ficus ginseng una vez separado el arbolito principal. Se puede ver también alrededor de las mismas el musgo esfagno que emplée para mantener la humedad en la zona donde quería forzar la nueva emisión de raíces. En este caso combiné akadama con musgo, ya que el musgo dificulta mucho la tarea de desenredar las raíces.

Es importante que al separar el acodo defoliemos el ficus, ya que al tener menos cantidad de raíces, corremos el riesgo de que el sistema radicular no pueda abastecer a todo el follaje. Yo también recomiendo plantar el árbol lo más hondo que podamos, ya que los ficus tienen mucha capacidad de emisión de raíces en cualquier parte del tronco, lo que nos ayudaría a aumentar la supervivencia del ejemplar.

Una vez separado el acodo es importante dejar al bonsái tranquilo durante una larga temporada, sin pinzar ni podar las ramas que vayan saliendo. De esta forma las raíces se irán recuperando y devolveremos el vigor al árbol.

En cuanto el bonsái de síntomas de haberse recuperado de la operación es muy importante que vayamos incluyendo poco a poco abono en el sustrato.

Después de una temporada larga, en cuanto tengamos la certeza de que el árbol se encuentre fuerte, podemos trasplantarlo a una maceta de bonsái definitiva, donde ya podremos con el paso de los años ir formando la ramificación.

Y por último, la foto finish. He seleccionado esta foto porque se puede apreciar perfectamente la estructura del bonsái. Como se puede observar, el ficus va comenzando a tener un aspecto bastante avanzado. La ramificación primaria ya está definida y poco a poco vamos consiguiendo también una mayor densidad en las ramas principales. Le queda mucho camino, sin duda, pero hemos conseguido pasar de un árbol comercial, sin ninguna personalidad, a un arbolito bastante interesante.

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